
Sí tuviera que hablar de una parada de Metro que todos temen sin duda es Sants Estació. Los que esperan en ella para coger el metro la temen porque saben que el metro está lleno y a duras penas podrán meterse. Los que estamos dentro ya, porque sabemos que tenemos dos opciones:
A) Si estás sentado en ese momento, cuando te toque tu parada sabes que tendrás que salir a empujones y tocando cuerpos ajenos sin querer(posiblemente siempre tocarás el culo de un heavy antes que el de la universitaria aspirante a modelo)
B) Cuando llegas a Sants Estació, estás sin asiento y una marabunta de estudiantes te aplasta contra lo primero que pillan. 50 % de posibilidades de escuchar conversación que no te interesa para nada a un milímetro de tu oído o 50 % de posibilidades de ser aplastado por el chico con el problema de olor corporal.
Sí muchos diréis que hay muchas paradas así, yo que conozco La Verdad os diré que no, que Sants Estació está endemoniada y la gente se siente atraída por sus poderosos cantos de sirena.
Hay pocas posibilidades de salir vivo de ella ¿mi estrategia? Ir detrás de la mujer con el carro de la compra, que me abre paso cual guardaespaldas mosqueado.
Desde aquí aprovecho para darle las gracias a esa señora del top manta de jerseys que guarda en el carro, gracias a usted he llegado a tiempo al trabajo.